Cada fotógrafo tiene su lugar
Con el paso del tiempo y, por supuesto, a través de sus sólidos trabajos, a los fotógrafos se los suele asociar con determinados lugares.
A muchos de nosotros nos gustaría que ello pasara aunque sea para el recuerdo cariñoso de su familia. ¡Eso ya es todo un logro!
Pero hablemos en serio. Para que ello pase, el imaginario colectivo se debe alimentar de ciertos discursos provenientes del fotógrafo en cuestión, a través de libros, exposiciones, marketing, talleres, más marketing, anécdotas, historias convertidas en leyendas (seguimos con el voluptuoso marketing), exclusividades de los trabajos. En fin, una multiplicidad de factores que se metamorfosean para que un fotógrafo termine asociado a ese lugar. Y me olvidaba de decir que, por sobre todas las cosas, tiene que tener derroche de talento, no?
Los ejemplos son muchos, muchísimos. Diré solo algunos que me vienen ahora a la memoria: Steve McCurry y Afganistán, Gonzalo Juanes y Gijón (Asturias), Francesc Català Roca y Barcelona, Korda y Cuba, Ara Güller y Estambul o Helen Levitt y Nueva York .
Cuando visité Salvador de Bahía, tenía en mente el imaginario visual que realizó Pierre Verger de esta ciudad.
Este fotógrafo francés está tan asociado a Salvador que hasta tiene una Fundación en el corazón de la cultura negra: Pelourinho. Además fue el responsable de la creación del impresionante Museo Afro – Brasileño que tuve la suerte de visitar hace algunos años.
Verger - brasilero por adopción – llegó a esas tierras en 1946 para nunca irse. Y, a partir de esa fecha, hasta casi fines del siglo pasado, captó como un antropólogo visual obsesivo toda la vida de la diáspora africana de Salvador.
Y no sólo eso. Investigó sus orígenes. Viajó a Africa. También visitó Haití y Cuba, otras de las rutas negras provenientes del continente africano.
Pero lo que más me interesó de su trabajo fue su relación con el candomblé, la religión traída por los esclavos negros. Y para ganarse la confianza de su gente y fotografíarlos mejor, se transformó en un iniciado de sus fiestas en los terreiros (templos) de esta religión monoteísta; donde abundan orixás (divinidades) provenientes del sincretismo religioso de grupos étnicos africanos y del catolicismo.
De verdad, me gustaría poner alguna imagen mía de mis visitas a familias que practicaban el candomblé en sus casas. Pero no puedo. Las razones son obvias. Verger se merece ser el protagonista de este post en su totalidad.
Por eso quiero compartir con ustedes un interesante y corto video - con música de Gilberto Gil - sobre este fotógrafo que dedicó su vida a la cultura negra de Brasil.
Un artículo de Marcelo Caballero




