Streetpoems
Compartir:
Fotógrafo: Daniel Laurinc
Web: -
Descargas: Audiovisual | Nota Prensa | Vimeo
Hace tres años, cuando llegué a Barcelona, una de las cosas que más me fascinó era indudablemente su inmensa luz - el gran Dios, el creador y el destructor. Era un turista cualquiera que vino a pasar el verano. Hacía una semana que mis padres me habían regalado mi primera cámara. De ella solo conocía un botón. El botón que congela. El botón eterno.
Cuando empecé estudiar fotografía en el IEFC, Barcelona dejó de ser la ciudad de las Sagradas Familias y se desnudó en rincones raros, finales de callejones, con personajes inquietos. Pasara lo que pasara, la luz no dejaba de fascinarme. La perseguía calle tras calle, día tras día, año tras año. Con esta curiosidad, kilómetros a mis pies y la cámara colgada a mano, nacieron las primeras fotos de Streetpoems. Blanco y negro, puro y duro, agresivo y crudo como la realidad misma. Poemas fotográficos, llenos de carajillos y trifásicos cortos de leche.
Empecé a ver la calle como un escenario teatral. La luz era perfecta, solo había que buscar a los protagonistas, los sitios, y el atrezzo. Me sentí un director que no habla, no toca, sólo observa, espera y elige el momento mágico. Después de sacar las fotos, por las noches de lunas llenas y de botellas vacías, contemplaba su significado.
Desde pequeño me fascinaba lo misterioso, la cuarta dimensión, el sexto sentido. Son cosas que no se describen. Se sienten. Como el miedo, la telepatía, el amor, la fé, la muerte, y la necesitad de vomitar. Fué entonces, cuando Streetpoems se convirtió en un espejo de mi alma. Las calles y los paisajes eran mi tórax. Los personajes eran... yo mismo.
Streetpoems es el balance entre lo real y lo mágico, entre lo estático y lo sublime. Es buscar algo donde no está y negar la evidencia de la realidad tal como la conocemos cada día. Streetpoems oscila entre los sueños y la realidad, entre la libertad y un mundo claustrofóbico, entre la fé y el aislamiento.


